lunes, 5 de abril de 2010

Introducción

Durante las presentes jornadas de estudio queremos examinar la capacidad del poder real de ser delegado, estudiando las dos figuras que ostentaron el más alto nivel de representación del príncipe: por un lado el virrey, lugarteniente o gobernador de provincia, depositario de la autoridad real dentro de la propia Monarquía, y, por otro lado, el embajador, representante del rey en la escena internacional.

La omnipresencia del príncipe dentro de sus territorios y fuera de ellos aparece como un rasgo característico de la época moderna. Omnipresencia paradójica, dado que la sedentarización de la Corte implica un creciente ausentismo real en los territorios periféricos. La institucionalización de las figuras del virrey/gobernador y del embajador, a lo largo de los siglos XVI y XVII, viene a paliar este ausentismo y a consolidar la ficticia omnipresencia del soberano. De este modo estos altos representantes del rey se convierten en los ejes de la sociedad política. En torno a ellos se articula un proceso de construcción estatal querido por el príncipe y que se manifiesta a través de un orden interno y un orden internacional.

Nuestro ámbito de reflexión serán las Monarquías de España y de Francia durante los reinados de la Casa de Austria y de Borbón (1516-1713 aproximadamente).
Nos interrogaremos en primer lugar sobre el concepto de representación política. La definición de Furetière resulta oportuna « représenter signifie tenir la place de quelqu’un, avoir en main son autorité. Le Pape représente Dieu sur terre, les Ambassadeurs représentent le Prince, les Magistrats représentent le Roy ». De forma significativa, el erudito francés propone como ejemplos de representación política a los ejecutores de la política exterior y de la justicia, dos campos que sumados a la guerra conforman la esencia de las prerrogativas reales.

Nos parece pertinente evocar aquí la sugerente idea de Louis Marin cuando retomando las tesis de Kantorowitz, hablaba no de los dos, sino de los tres cuerpos del rey. Durante la época moderna al cuerpo físico y al cuerpo sacramental del rey se habría de hablar de un tercero, el cuerpo político –equiparable al cuerpo eclesial de Cristo-, la génesis del Estado a partir de la persona del rey. En este sentido intentaremos establecer cual es el lugar que ocupan los representantes y alter ego del príncipe dentro de esta construcción filosófico-política.
También queremos reflexionar sobre las diferentes manifestaciones de la representación política de “la Majestad”, en la medida en que esta pudiese ser transmitida a embajadores y virreyes. A través de la comparación buscaremos analizar con precisión las características de la Majestad y su capacidad de ser delegada.

Podemos reagrupar las problemáticas ligadas a la “delegación de Majestad” en torno a dos grandes líneas de análisis. Una perspectiva jurídico política : la identidad jurídica de los primeros representantes del rey, instrumentos del poder y del carácter normativo, es decir las palabras empleadas para asegurar la transmisión de una parte de la soberanía del rey al embajador y al virrey. Analizar los términos empleados en su titulatura respectiva y en sus cartas credenciales o letras patentes, por ejemplo, permitirá comprender mejor el aspecto normativo de la “delegación de Majestad”. Así mismo nos ocuparemos de su puesta en práctica, el ejercicio de las facultades regias por parte de virreyes y embajadores y los problemas que genera. La segunda línea de análisis será la concerniente a los aspectos simbólicos y de representación : el ceremonial, las manifestaciones festivas y artísticas, el mecenazgo o el uso de la heráldica. En definitiva, trataremos de definir cuales fueron los recursos de virreyes y embajadores para construir una imagen de sí mismos a través de los lenguajes rituales y culturales de la época.

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